Memorial a las y los jóvenes de los 80's

Las y los jóvenes de los ’80 somos una generación que al igual que una persona que contempla una puesta de sol, alcanzamos a ver desde lejos como un día el sol se ocultó llevándose de un solo gólpe (de estado) los avances y maduración que los procesos sociales habían alcanzado en Chile.

Crecimos bajo la sombra de la dictadura y perdimos la inocencia viviendo la opresión y la represión que a sangre y fuego anulaba las luchas y demandas por justicia, verdad y equidad. Acogimos la responsabilidad con que nos confrontó la historia, cual era dar continuidad a la resistencia que consecuentemente ofrendó la generación anterior a la nuestra.

Tomamos la ofensiva con toda la vitalidad y convicción que nuestra juventud nos permitía, desde la normalidad de nuestras vidas comunes y corrientes, sin perspectivas ni afanes heroicos, sólo desde la naturalidad de comprender que algo que daña debe ser acabado.

Asumimos compromiso militante y ciudadano para derrocar la dictadura y validamos todas las formas de lucha para conseguirlo. Algunos perdieron la vida en esa lucha, quedando congelados para siempre su juventud y sueños cotidianos de amor, de trabajo, de familia y justicia.

En MEMORIA Y REINVINDICACIÓN de los ideales de todos los y las jóvenes luchadores que cayeron, sustentamos hoy nuestra organización y levantamos esta Casa-Memoria, amparados en la firme convicción de seguir trabajando por conseguir una sociedad más justa y aportar a conformar un país con memoria social, que se reconozca a sí mismo, un pedazo de tiera con historia respetuoso con todas y todos.

Relatos de Memorias

A la memoria de Alejandro Pinochet Arenas

por su amigo Alejandro Barría

No tengo memoria del momento en que conocí al Jano, tal como me pasa con todos mis amigos del cerro Mesilla, siempre tengo la impresión que nací conociéndolos.

A pesar de que los años en que me incorpore a la lucha, representan una breve sinopsis de mi vida que se extiende entre 1982 y 1987, fueron los cinco años más extensos de mi vida, son tan densos, que el recuerdo de mis amigos y compañeros que ya no están, se me aparece vívidamente, persistentemente. Esta porción de tiempo densa y significativa, elásticamente copa mis recuerdos y mi memoria la representa como si hubiesen sido décadas.

Mi primer recuerdo “racional” sobre él Jano, es más bien indirecto, pues se refiera a su padre Don Froilán.

Fue una historia terrible que mi tío Gastón nos contó. El tío nos explicaba que en algún momento después del golpe mientras se dirigía a Mesilla en vehículo, desde la dependencia de la marina en donde trabajaba, observo que un caminante se dirigía en la misma dirección, era don Froilán, padre del Jano, había sido liberado de la prisión y la tortura, desde alguno de los barcos prisión que fondeaban en la bahía de Valparaíso, y desde donde algunos compañeros de esa época nunca regresaron a sus hogares.

Don Froilán avanzaba lento y temeroso hacia su hogar, mi tío se detiene y le ofrece llevarlo, imaginé a don Froilán sorprendido, temeroso y desconfiado ante el ofrecimiento de aquel marino, que era su vecino.

Don Froilán era sastre como mi papá, un hombre amable y reservado, pocas veces cruzamos palabra más allá de un escueto y cariñoso saludo, enmarcado en su sonrisa amplia y sincera, yo le comenté que íbamos a una peña con el Jano, en “García Reyes” un centro juvenil en que desarrollábamos nuestro trabajo político.

El niño espigado y deportista, con el cual deambulábamos por las calles de los cerros Mesilla y Santo Domingo, era más bien reservado y amable como su padre, pero en estas peñas empezó a manifestarse una personalidad mucho más extrovertida. En estas actividades político-culturales podíamos expresarnos libre y alegremente, cada uno asumía como una especie de obligación autoimpuesta desarrollar algún talento, el Jano intento muchas veces capturar la habilidad necesaria para tocar guitarra y cantar, era muy obstinado en su empeño, pero fue infructuoso. Por más talleres privados que le hiciéramos para que apareciera su veta artística, esta no apareció. Lo de él era la destreza física, a pesar de que paradójicamente, sufría de asma, como el Che.

Con el Che, tenía otra característica en común, la audacia. Y pronto se dio el escenario propicio en que el compañero “Azrael” mostraría sus talentos: las acciones audaces de las Unidades de Combate de la Jota.  No había jotoso más audaz y temerario que “Azrael”, y así vertiginosamente escalo hasta incorporarse a otras estructuras operativas, ocupadas en acciones de mayor complejidad.

En febrero de 1986 en medio de un problema de seguridad, Azrael llego a mi casa, había escapado de la CNI desde una casa en la Av. Gran Bretaña que estaba tomada por los “chanchos”, en la que casi ingreso.

Conversamos y decidimos que lo mejor es que él se fuera, le entregué mi arma y me despedí. Fue la última vez que lo ví. Días después la CNI copo el Cerro Mesilla y caí detenido junto al hermano del Zuki. Mientras el vehículo de la CNI, se acercaba al cuartel de Álvarez en Viña del Mar, solo me preocupaba que el Jano no hubiera sido capturado. La única “ventaja” que teníamos era que no participábamos de la misma orgánica. Durante mi detención los chanchos no hicieron referencia a Azrael, eso a pesar de la situación era reconfortante para mí. Creo que estuve como una semana en el cuartel de la CNI, y recuerdo principalmente el discurso insidioso de los agentes sobre como los “viejos” del partido nos utilizaban como tontos útiles, como carne de cañón, y me decía para mis adentros…  ¡que imbéciles! Creer que mis amigos: los jóvenes más valientes, sensibles e inteligentes que algún hogar pudiese cobijar, creer que estos muchachos rebeldes, irreverentes y audaces no tienen una convicción propia, abonada por las propias vivencias de injusticia y dolor, cimentada por la solidaridad y fraternidad que nos enseñaron nuestras propias familias.

En septiembre de 1986 salí de la cárcel de Valparaíso, un año después me enteré del secuestro del Jano… a pesar de la pena que a veces me embarga, recuerdo esos densos y breves años en que cada pequeña gesta se coronaba siempre con la esperanza de que derrocaríamos la dictadura, a pesar del dolor por la pérdida de una compañera o compañero, a pesar de no tener el consuelo de un lugar para rendirles homenaje, aun así no nos derrotaron porque en el infinito espacio de nuestras mentes Azrael se asoma para ayudarnos a superar las barreras, como él lo hacía a pesar de la carencia de medios, a pesar del asma, solo bastan la decisión y la audacia.

Mi vecino Jano, el niño amable y solidario, negado para la guitarra y el canto, el compañero Azrael, el joven comunista más temerario y audaz que conocí, reaparece cada día en lo mejor de nuestros niñas y niños, y en nosotros mismos cuando emulamos su ejemplar vida.

A la memoria de Carmen Gloria Larenas Molina

por Benjamín Larenas

Nació en 1964 en la Población Sara Braun en el Cerro Placeres, aunque pronto conoció el Cerro Esperanza y Villa América, donde inició su escolaridad y sociabilidad.

De sonrisa ancha y buen humor, abría el corazón de cuantos le conocieron.

Los tiempos de avanzada popular hicieron que su carácter se formara entre esperanzas y desafíos de una sociedad que se reconocía en solidaridad, reciprocidad, luchas y creatividad. Creció en dictadura, contextualizada por la resistencia y tenacidad de una familia y compañeros que practicaban los mismos conceptos de solidaridad y lucha.

Quizás por eso, apenas pudo se plegó a los movimientos sociales desplegando sus diversas facetas desde la militancia en las Juventudes Comunistas, mostrándose como solía ser ella: sencilla, recta y generosa.

Mientras estudiaba en el (ex) Liceo Técnico Femenino de Valparaíso, andariega como fue, participó en una organización que trabajaba con niños, anduvo merodeando en la radio Placeres, y más de alguna tarea desempeñó como ayudista en aquellas acciones que enfrentaban a la dictadura cara a cara y de igual a igual.

En el mes de julio de 1983 el pueblo de Chile estaba de avanzada.  El día 12 de ese mes, después de celebrar un año más del natalicio del poeta Pablo Neruda, se había convocado una nueva jornada de protesta.  Para ella, que había marchado ya en muchas convocatorias anteriores, esta marcha era importante porque sería en el propio cerro donde militaba.

La brigada regional de la CNI se dispuso en el terreno equipada y apostada para asesinar. Esta vez la muerte teñiría de dolor el cerro Esperanza pero no aniquilaría nuestra esperanza. El pecho de Carmen Gloria fue perforado por alguna de las decenas de balas que cortaron el aire de los cerros del puerto en esa jornada, y nuestra joven militante cayó asesinada en Calle Del Agua, en Recreo.

Carmen Gloria vive y camina con todas y todos cada día de lucha por las calles del puerto.

 

A la memoria de Eduardo Brignardello Lara

por su hijo, Andrés Brignardello

Mi padre, Eduardo Guido Brignardello Lara, nació en el seno de una familia obrera del puerto de Valparaíso el 13 de agosto de 1945. Fue hijo de Domingo y Adriana, vivió su primera infancia en las calles del barrio puerto donde su familia paterna se había establecido desde principios del siglo XX, a la llegada de su abuelo Doménico Brignardello Baffico, oriundo de Né, un pequeño pueblo al interior de Génova.

Siendo un niño, la familia se destruye cuando sus padres se separan y queda, junto a su hermano, al cuidado de su abuelo italiano en la población El Retiro de la ciudad de Quilpué. Mi abuela trabajaba en labores domésticas en la casa de una pudiente familia italiana dedicada al rubro industrial y se mantuvo en largas temporadas alejada de Eduardo quien creció entre los niños del barrio y al cuidado de sus tías y abuelo.

La infancia de mi padre fue sencilla. Mi abuelo fue panadero y el resto de la familia aportaba desde sus respectivas labores productivas especialmente como jornaleros en empleos precarios. Tenía 9 años cuando falleció su abuelo y lo recordaría cariñosamente durante su vida a partir del misterio de su cultura extranjera en la que nunca se vio involucrado, empujado tal vez por el resentimiento, producto de la extraña conjunción de conocer las dos caras de la moneda; el inmigrante pobre enraizado en la cultura que lo cobija, y aquel que

forma parte del bando de los patrones, poderoso y que se atribuye la representación de su cultura y construye para una minoría privilegiada colegios, clubes, restaurantes y un prestigio patrimonial que excluye a una gran parte con los que comparte una misma nacionalidad.

Su vida infantil estuvo fuertemente marcada por su participación en el Club Deportivo El Bosque de Quilpué. Guardaría en su vida, como gran tesoro, haber participado en el equipo de 1ª infantil Campeón del Campeonato de 1956. Comentaría años más tarde que esa temporada le tocó enfrentar a Elías Figueroa quien jugaba por el equipo de Alto Florida y a quien admiró toda su vida. Siempre fue un entusiasta del fútbol y un hincha de Santiago Wanderers a quien disfrutó como niño cuando este fue campeón en los años 1958 y 1960.

Su educación se realizó en la escuela 98 del sector de El Retiro y solo alcanzó el Sexto de Preparatoria, pues la situación económica de la familia lo empujó a iniciarse muy temprano en el mundo del trabajo, primero en labores precarias e informales, y cuando cumplió 15 años, ingresó a la fábrica de los patrones de su madre CODARTE, una empresa de impresión gráfica de gran prestigio en el país y que se especializó en tarjetas, álbumes y todo tipo e impresos en color.

En dicha fábrica, junto con aprender el oficio de obrero gráfico, conoció a mi madre, Patricia Valdivia, con la que contrajo matrimonio en 1967 en la pequeña Iglesia de El Retiro y con la cual formó una familia de donde nacieron Andrés(1968); Álvaro(1969); Yasmina(1977) y Sebastián (1979).

Recién casados, mis padres compraron un pequeño lote en la calle Rubén Darío de la población La Unidad en Forestal Alto, un barrio popular en los extramuros de Viña del Mar. Durante más de 15 años, mi padre, fue construyendo con sus propias manos nuestra casa. El trabajo por turnos en la empresa sumado a su permanente labor de auto constructor, hacían que la mayor parte de su vida la dedicara al trabajo.

La conciencia de su rol de productor, sumado a los importantes cambios sociales de la década de los sesenta, empujaron a mi padre a asumir un compromiso político que fue entusiastamente aplaudido por la familia de mi madre, la que provenía de una larga tradición de izquierda en Valparaíso y Viña del Mar, encabezada por mi abuelo Carlos Valdivia, quien desde muy pequeño había abrazado las banderas comunistas como parte de las filas de obreros viñamarinos que trabajaron junto a Ramón Sepúlveda leal y Luis Emilio Recabarren cuando estos vivieron en la Viña del Mar y encabezaron la constitución de la FOCH y el Partido Obrero Socialista.

Es así, que durante el año 1969, mi padre ingresa formalmente al Partido Comunista en el barrio de Forestal donde participó en el desarrollo y constitución de las organizaciones comunitarias de base de las nacientes poblaciones y la organización territorial de la campaña presidencial de Salvador Allende.

Mi padre como presidente de la junta de vecinos, organiza junto a los compañeros militantes de los partidos de la Unidad Popular la JAP (Junta de Abastecimiento y Precios) del barrio donde se abastecía y distribuía la alimentación a las familias a través de un orden basado en las necesidades surgidas a partir del grupo familiar, la presencia de niños y los artículos de primera necesidad tanto alimenticios como del hogar.

Su vida laboral continuó en CODARTE y se sumergió además en las relaciones y contactos con el sindicalismo gráfico de la región. Mi padre fue parte del movimiento de obreros de imprenta con una larga tradición política que se destacaba en el mundo popular por su alta conciencia de clases y capacidad de difusión de ideas socialistas.

Vivió en plenitud la vida social y familiar de los años del gobierno de Allende, junto a la maduración política desarrolló una vocación de luchador social que canalizó en el barrio y en la fábrica. Mi familia participó en la dinámica de los procesos políticos como defensores del proyecto socialista y pagó un alto costo cuando el sueño de un país más justo se vino al suelo por el golpe militar de 1973.

La mañana del 11 de septiembre, mi padre no pudo ir a su trabajo debido a que las fuerzas navales y militares cortaron los accesos al centro de la ciudad y obligaron a los trabajadores a regresar a sus casas. Mientras escuchaba las noticias, comprendió lo que se avecinaba y convocó a una reunión política en su casa donde se analizó la situación. Junto a un grupo de compañeros observó desde el cerro, con lentes larga vista, las operaciones militares que se producían en Viña del Mar. Impactado por las noticias del bombardeo y la muerte de Allende decidió convocar a una reunión de la Junta de vecinos, en la sede del sector, donde dio conocer las informaciones y propuso las formas de organizarse ante la inminente represión. Aquella noche, no había conciencia aún de la magnitud de la tragedia y cuando se dirigió a los vecinos hizo pausas y pidió silencio cada vez que un helicóptero se acercaba con su potente foco en una actitud intimidatoria hacia los barrios populares.

En los primeros días de octubre de 1973, fue detenido por efectivos navales quienes lo condujeron vendado al Fuerte Müller del cuerpo de Infantería de Marina ubicado en el sector de Las Salinas, donde fue torturado y fichado como activista comunista. Dos días después volvió a su casa, pero la situación volvería a repetirse semanas después cuando nuevamente fue detenido por el SIM (Servicio de Inteligencia Naval) estando esta vez una semana en poder de sus captores.

A partir de 1974, integra clandestinamente la resistencia a la dictadura en Valparaíso y Viña del Mar. Establece redes con militantes del mundo gráfico provenientes de diversas empresas de la zona quienes organizan un frente de trabajadores que se expresó básicamente en la recomposición de las redes destruidas por los embates de la represión. Participó en el sindicato de la fábrica CODARTE donde empieza a ser hostigado por los directivos y acusado abiertamente de comunista. Al mismo tiempo instaló en su casa una pequeña maquina impresora del tipo linotipia donde realizaba públicamente pequeños trabajos de impresión de tarjetas para la venta y trabajos políticos clandestinos para las distintas estructuras de la resistencia.

A partir de 1977 pasa a formar parte de una estructura regional encargado de la propaganda del Partido Comunista. Es reclutado para imprimir de manera clandestina ejemplares de las distintas declaraciones públicas comunistas, así como trabajar en la rearticulación de los distintos frentes de masa que tímidamente van surgiendo en distintos sectores de la población.

La relación de mi padre con los diversos movimientos de resistencia lo hace ponerse en contacto con jóvenes de Viña del Mar, quienes acuden a él para que en la pequeña imprenta de su hogar, pudiera imprimir volantes para una actividad de liberación que organizaba una célula mirista en el barrio de Forestal. La actividad es detectada por los servicios de inteligencia. Los jóvenes fueron detenidos y se les encuentra un arma y panfletos. Son flagelados y denuncian en medio de las torturas a mi padre como el impresor de dicho material.

Mi padre fue detenido por la policía de investigaciones en agosto de 1978. Trasladado al cuartel regional donde fue torturado y luego entregado a la fiscalía militar acusado de ser parte de una célula comunista que organizaba actos terroristas en la zona. Fue enviado a cárcel pública donde vive tristes días de soledad, pues hacía poco tiempo antes se había producido la amnistía general declarada por la dictadura y habían salido la casi totalidad de presos políticos detenidos en las postrimerías de 1973.

Junto con su detención recibió el despido de su trabajo por razones de ausentismo laboral y perdió la indemnización por causales políticas lo que lo deja con una pérdida en sus derechos de más de 18 años de trabajo en la fábrica a la que había ingresado a los 15 años.

Luego de ser liberado, nació mi hermana Yasmina, quien alegró su vida en el contexto de una fuerte cesantía. Mi madre, luchadora desde siempre. no dudó en ponerse a la cabeza de la familia e inició distintos emprendimientos los que combinó con sus tareas en el hogar.

Mi padre, inició un peregrinaje por diversas imprentas de la región perseguido por sus antecedentes y no logró establecerse en un empleo por mucho tiempo enfrentando junto a mi madre diversas estrategias de sobrevivencia económica en venta de ropa, tejiendo en lana con una pequeña máquina industrial y apoyado por alguna institución de solidaridad como FASIC que permitió acceso a mercadería y alimentación.

Para 1979 nació el menor de mis hermanos, Sebastián y empezó un pequeño momento de estabilidad emocional solamente roto por problemas de salud provocado por el rompimiento de úlceras estomacales para lo cual fue operado a inicios de 1980, problema asociado a los maltratos sufridos en sus tres detenciones por los militares.

A partir de su salida del hospital, encuentra trabajo en una imprenta de calle Serrano en Valparaíso donde se mantuvo por varios años hasta la crisis de la recesión económica en 1983. Para ese tiempo, ya se había contactado nuevamente con la estructura del Partido Comunista y formaba parte de la incipiente unidad del llamado «Frente Cero» equipo militar del partido que empezó a reclutar compañeros para años más tarde organizar en la región el Frente Patriótico Manuel Rodríguez.

Las acciones de este equipo, se desarrollaron para la habilitación de las condiciones políticas y sociales de la lucha antidictatorial enmarcada en las nuevas líneas políticas del PC, sustentadas en la Política de Rebelión Popular de Masas, definida por la presión popular de desobediencia y organización, apoyada por acciones militares de sabotaje y ataque frontal a la institucionalidad represiva de la dictadura.

Mi padre vivió para 1983 el nacimiento del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y se integró de lleno a una vida clandestina, desarrollando variadas acciones militares de sabotaje contra el régimen de Pinochet. Voladuras de torres de alta tensión, atentados contra cuarteles militares y de la policía secreta, toma de radioemisoras para acciones de propaganda armada, formación militar para cuadros juveniles fueron parte de la dinámica en la que entró hasta pasada la mitad de la década de los 80 cuando en pleno apogeo de lucha antidictatorial el destino le tendría preparado una mala jornada.

La noche del 12 de junio de 1986 y en circunstancias aún no totalmente aclaradas, fue muerto mi padre, Eduardo Brignardello Lara por efectivos de la Armada en el sector de Villa Dulce en Viña del Mar. Según informaciones Oficiales fue sorprendido por efectivos que montaban guardia en las torres de alta tensión tratando de depositar una carga explosiva junto a tres personas, todas presumiblemente miembros de un grupo subversivo. Murió junto a otro miembro de su unidad de combate, Manuel Genaro Núñez, el otro miembro del grupo pudo escapar y avisar a la familia y al movimiento.

Su muerte produjo una ola de detenciones en los barrios pobres y populares de Viña del Mar. Su cuerpo fue enterrado en un multitudinario funeral en el cementerio de Santa Inés de Viña del Mar y fue acompañado por decenas de personas que indignadas pedían justicia por el sacrificio de mi padre. Las banderas rojas de la lucha por la libertad flameaban aquel mediodía y los gritos de combate hablaban de una multitud desbordada por sus deseos de democracia y futuro.

La vida de mi padre, estuvo condicionada por la conciencia de un mundo donde las desigualdades y los privilegios permiten la injusticia y la crueldad. Su única esperanza fue un mundo mejor, un mundo nuevo. Por ello dio su vida y me heredó un sueño de paz y fraternidad.

A la memoria de Marcelo Barrios Andrade

por su hermana Gladys Barrios

Mi hermano combatiente Marcelo Esteban Barrios Andrade, nació un 19 de noviembre de 1967 en Santiago. Fue el hijo número siete de Washington y Sara; mi madreselva siempre dijo que nació de chiripa. El llegó a alegrarnos a todos. El papá trabajaba como obrero en la construcción y mi mami trabajaba en casa con los siete hijos. Sus hermanos somos de mayor a menor Guillermo, Carmen, Juan Carlos (ya fallecido), Miguel, Marcos y Gladys.

En 1969, diciembre, viajamos a Punta Arenas porque al papá le salió un trabajo de jefe de obras en la Universidad Técnica de Punta Arenas, esto mejoraba nuestras condiciones de vida. Así llegamos a vivir al Barrio Prat de Punta Arenas, la Calle Covadonga 350, lugar donde Marcelo llego de 2 años y desarrollo su infancia en este populoso barrio.

Marcelo tenía casi seis años cuando se produce el golpe fascista civil y militar, y como familia al igual que en todo Chile comenzamos a ser testigos de  los horrores de muerte, desapariciones, cárcel, exilio, relegaciones que el TERRORISMO DE ESTADO impuso por largos 17 años . Pero como nuestro pueblo a pesar del miedo y el horror comienza a levantarse, a organizarse, entre ellos y ellas estaba Marcelo quien a los 13 años comienza a militar en la Juventud socialista que formaba parte del  MDP.

En la enseñanza media levantan la FESES, (Federación de Estudiantes Secundarios), junto a otros y otras jóvenes se pasa las 24 horas organizándose, estudiando educación popular, participando en las ollas comunes, trabajando en las poblaciones, preparando la autodefensa en las calles… es acá donde él se convierte en un joven con una gran capacidad ideológica y política, se define marxista leninista y asume la lucha contra la dictadura que imponía el neoliberalismo a sangre y fuego.

Luego se pasa a los Socialistas Comandantes, cuando se quiebra el MDP. Esta organización comandante se plantea la toma del poder a través de la vía Insurreccional de masas. En este periodo en Febrero de 1985 es cuando asesinan a Carlos Godoy Echegoyen  militante socialista, retornado de Cuba que fue asesinado por los pacos en Quintero al caer una escuela popular que el dirigía. Es entonces  que Marcelo asume más que nunca la lucha de manera más frontal y decidida en contra de la Dictadura.

En 1987 sale de Punta Arenas hacia Valparaíso a estudiar Pedagogía en Historia y Geografía en la Universidad de Playa Ancha, es acá donde ingresa al Frente Patriótico Manuel Rodríguez, ya alejado del PC. Es en esta lucha como combatiente popular  que es asesinado el 31 de agosto de 1989 en el cerro Yungay de Valparaíso por Infantes de Marina, cobardes y despreciables representantes de la Armada de Chile.

Luego de 34 años en búsqueda de verdad y justicia, el 31 de Agosto de 2023 son condenados a 10 años y un día 3 Infantes de la escuadra criminal que lo asesinó. Los otros tres , ya están fallecidos en la más absoluta impunidad. El cúmplase de la sentencia aún no se produce ya que habrá que esperar unos cuantos años más para que estos criminales estén en la cárcel , porque el proceso continua en las Cortes de Apelaciones de Valparaíso y Suprema de Santiago. Uno de sus asesinos, quien dirigía la escuadra naval, en ese entonces capitán de corbeta de nombre SERGIO CHIFFELLE KIRBY, en la actualidad es abogado y procurador del número en las cortes de apelaciones y Suprema de Santiago quien sin ningún pudor sigue ejerciendo su cargo con el beneplácito del poder judicial.

Ellos, tus asesinos jamás supieron al hermoso ser humano que mataban. YO SI.

Marcelo hermano, hijo, amigo, compañero querendón, cariñoso, inteligente, política e ideológicamente potente, hijo amoroso, hermano solidario y tierno, buen amigo, eras un gran bailador de guaracha, un tremendo arquero en el rugby, nunca aprendiste a nadar, te gustaba pololear, respetuoso por la vida y las personas, querido y respetado por muchos y muchas preocupado de los niños del país, de que había que dejarles una mejor sociedad a los más pequeños.

Vivirás por siempre en mi corazón y Memoria, vives en las luchas de tu pueblo y siempre diré por ti, por todas y todos

NI PERDON NI OLVIDO.

¡Nadie ni nada esta olvidado!

¡Memoria y Justicia!